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La semana pasada, Berlín no pudo evitar que el Banco Central Europeo se embarcara en un enorme programa de compra de bonos soberanos al que se había opuesto por largo tiempo. En las próximas semanas, Alemania deberá aprobar un acuerdo con un nuevo gobierno griego que probable encontrará aún más desagradable. La alternativa es observar cómo Grecia abandona la eurozona con consecuencias catastróficas para todo el bloque monetario o ver a una Grecia humillada convertirse en un punto de referencia para los partidos no tradicionales y antialemanes a través del continente.
El BCE ignoró a Berlín tras llegar a la conclusión de que la estabilidad de la zona euro estaba en riesgo. El nuevo programa fue considerado necesario no sólo por razones económicas, sino por la señal política que envía.
De hecho, los responsables políticos del BCE no se ilusionan con la idea de que la flexibilización cuantitativa sea una bala mágica. Tienen la esperanza de haber tenido suerte con el calendario, que la combinación de menores tasas de interés y una moneda más débil junto con la caída del petróleo y un repunte del crédito bancario en la zona euro den un impulso al crecimiento este año.
No obstante, reconocen que la compra de bonos no tendrá el mismo impacto económico en la eurozona que en Estados Unidos y Gran Bretaña, dada la continuada debilidad del sistema bancario de la región y una falta de profundidad en los mercados de capitales que restringe la generación de nuevos créditos.
Lo que pesó sobre las mentes de líderes fueron las consecuencias de no hacer nada. Como el BCE lo ha advertido en repetidas ocasiones, las perspectivas de crecimiento a largo plazo de la zona euro dependen del impulso a profundas reformas estructurales de los mercados de productos, trabajo y capital, tanto en la eurozona como a nivel nacional. Pero el apoyo electoral a los gobiernos comprometidos con las reformas y la disciplina fiscal se está evaporando, mientras sus posiciones son socavadas en parte por una inflación muy baja que ha hecho que sea mucho más difícil reducir la carga de las deudas.
Esto es potencialmente desastroso para la viabilidad a largo plazo de la moneda única que, como Mario Draghi, presidente del BCE, señaló en un importante discurso el año pasado, depende de que los ciudadanos de cada uno de sus 18 Estados miembros consideren que están en mejor situación dentro de la zona euro que fuera de ella. “El éxito de la unión monetaria en todas partes depende de su éxito en todas partes. El euro es y tiene que ser irrevocable en todos sus estados miembros, no sólo porque lo dicen los tratados, sino porque sin esto no puede haber una verdadera moneda única”.
La reunión del BCE de la semana pasada se había erigido en una prueba importante de la capacidad de la zona euro para cumplir con aquel requisito básico. De haber cedido a la presión de Alemania y negarse a desplegar una herramienta legítima de política monetaria en un momento en que la eurozona está luchando para salir de una recesión y tiene una inflación que está muy por debajo del objetivo del BCE, se le habría dado la razón a los partidos no tradicionales contrarios a las reformas, y habría puesto la cohesión de la zona euro en un riesgo aún mayor.
Esa cohesión deberá enfrentar una prueba aún mayor en los próximos días. Tras las elecciones del domingo, la zona euro debe llegar rápidamente a un acuerdo con el nuevo gobierno en Atenas que sea suficientemente creíble como para evitar la fuga de capitales. Una incertidumbre prolongada podría infligir un daño masivo a la economía griega y, en última instancia, podría provocar que Grecia salga de la zona euro.
Mucho depende de cómo todas las partes se comportan en las próximas horas.
Los mercados asumen que el riesgo de que Grecia abandone el euro es pequeño, pero funcionarios cercanos a la situación no son complacientes. Algunos temen que los compromisos requeridos tanto de Alexis Tsipras, probable nuevo primer ministro de Grecia y líder del partido radical de izquierda Syriza, y otros gobiernos de la eurozona, pueden resultar demasiado difíciles.
Estas personas creen que el alivio de la deuda de Grecia se ha convertido en una necesidad política como parte del precio para persuadir a Tsipras de que cumpla los compromisos de Grecia y se comprometa a hacer más reformas.
De hecho, algunos funcionarios temen que las mayores dificultades para alcanzar un compromiso puedan estar en el lado de la zona euro. Es probable que un alivio de la deuda griega sea un desafío político no sólo para los gobiernos de los países ricos del norte de Europa, como Alemania y Finlandia, sino también para los países más pobres del este, como Eslovaquia y Estonia, cuyos ciudadanos son tienen menos capital que los de Grecia. Esto también se aplica a países en crisis como España, Portugal e Irlanda, cuyos líderes han pagado un alto precio político por sus propias políticas de austeridad y reforma ante una creciente oposición populista.
Los riesgos existen independientemente de lo que haga la zona euro. En privado, los responsables de las políticas tienen pocas dudas de que la ausencia de un acuerdo con Grecia desestabilizaría a la zona euro en forma catastrófica, y favorecería a los partidos no tradicionales. Pero un acuerdo que le significase a Tsipras un gran dividendo por sus años de oposición a las reformas y la disciplina fiscal en Grecia correría el riesgo de sembrar las semillas para la inestabilidad en el futuro, al socavar el apoyo a los gobiernos pro-reformas.
De hecho, la decisión que el BCE tomó la semana pasada no puede ocultar el hecho de que la zona euro sigue siendo un sistema inestable. Los optimistas creen que el bloque monetario puede salir adelante. Esperan que teniendo viento económico a favor este año, más el progreso en las reformas, tanto el desempleo como el peso de la deuda caerán la amenaza política de los partidos no tradicionales marginales se atenuará. El sistema gradualmente se estabilizará a sí mismo.
Otros argumentan que eso es una ilusión, que se necesita una acción más decisiva para lograr una estabilización a largo plazo. Temen que no se está cumpliendo la prueba de Draghi: que sin medidas para aliviar la carga de los estados miembros sobreendeudados, ya sea a través del alivio de la deuda, de riesgo compartido o un presupuesto central expandido, un número creciente de ciudadanos llegará a la conclusión de que estarán mejor fuera de la unión monetaria.
La semana pasada, el BCE se detuvo antes de tomar esa ruta con su programa de compra de bonos: la autoridad monetaria insistió en que los riesgos crediticios soberanos deben permanecer en los balances de los bancos centrales nacionales, en lugar de estar agrupados, y sostuvo que sólo las autoridades políticas podrían tomar la decisión de exponer a los contribuyentes a los riesgos fiscales de otros países.
¿Una decisión como esa tiene alguna probabilidad o resulta políticamente posible? Grecia será una primera prueba.
La quema de la cruz durante el festival religioso de Los Escobazos en España
Los estudios dicen que cada día hay más ateos en el mundo… ¿Significa que vamos camino del fin de la religión?

El ateísmo está en alza en todo el mundo. ¿Significa esto que la espiritualidad pasará pronto a ser algo del pasado?
“Hay muchos más ateos en la actualidad que nunca antes, tanto en números absolutos como en porcentaje sobre el total de la Humanidad”, explica Phil Zuckerman, profesor de Sociología y Estudios Seculares en el Pitzer College, Estados Unidos.
Según una encuesta internacional de Gallup realizada entre más de 50.000 personas de 57 países, el número de personas que se consideran religiosas descendió del 77% al 68% entre 2005 y 2011.
El número de quienes que se consideran a sí mismas ateos aumentó un 3%, hasta representar el 13% del total.
A pesar de que quienes declaran que no creen en ningún dios ciertamente no son la mayoría, ¿será que esta tendencia es un pronóstico de que la fe en una divinidad en el futuro pasará a ser algo del pasado?
Es imposible predecirlo pero al examinar lo que sabemos de la religión podemos encontrar pistas de lo que puede pasar.
El Papa en Manila
La multitud en Manila es testimonio del poder de la religión.
Parte del atractivo de una fe es que ofrece seguridad en un mundo incierto, de manera que no es sorprendente que las naciones con mayores índices de ateísmo tienden a ser aquellas que proveen a sus ciudadanos con una estabilidad económica, existencial y política relativamente alta.
Japón, Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Holanda, República Checa, Estonia, Alemania, Francia y Uruguay son países en los que la religión era muy importante hace apenas un siglo, pero en los que en la actualidad las tasas de creyentes se sitúan entre las más bajas del mundo.
En todos estos países hay sistemas educativos y de seguridad social fuertes, baja desigualdad social y sus ciudadanos son relativamente ricos.
“La gente tiene menos miedo de lo que pueda pasar”, dice Quentin Atkinson, psicólogo de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda.
No obstante, el descenso del número de personas creyentes se produce incluso en países que son todavía muy religiosos, como Brasil, Jamaica o Irlanda.
“Pocas sociedades son hoy en día más religiosas de lo que eran hace 40 o 50 años” dice Zuckerman.

Naturaleza y sobrenatural

El descenso en creyentes, sin embargo, no significa la desaparición de las religiones, explica Ara Norenzatan, psicóloga social en la Universidad de British Columbia, en Canadá, y autora de “Big Gods”.
Sobrevivientes del tifón Haiyán durante una procesión religiosa
Cuando la naturaleza golpea, como cuando el tifón Haiyán azotó Filipinas, los seres humanos recurren a lo sobrenatural.
La seguridad existencial es más falible de lo que a veces parece. De repente, todo puede cambiar: un accidente puede matar a un ser querido; un huracán puede destruir un pueblo; un doctor puede darnos un diagnóstico fatal.
Los estragos del cambio climático que se esperan para los próximos años, así como la escasez de recursos naturales y el sufrimiento que todo esto puede generar, podría potenciar la religiosidad.
“Por alguna razón, la religión parece darle significado al sufrimiento, más que cualquier ideal o creencia secular que conozcamos”, dice Norenzayan.
Ese fenómeno de religiosidad repentina se ha observado en casos como el terremoto de Christchurch, Nueva Zelanda, en 2011: en ese lugar hubo un alza en la fe, mientras que el resto del país se mantuvo tan incrédulo como de costumbre.

Cuando haya paz en el mundo

Sin embargo, incluso si los problemas del mundo se solventaran de forma milagrosa, y todos viviéramos vidas pacíficas en igualdad, la religión probablemente sobreviviría.
Esto se debe a que parece haber un espacio con la forma de un dios en la neuropsicología humana, resultado de una peculiaridad en nuestra evolución.
Jóvenes yemeníes muestran sus manos decorados con la tradicional henna
En todos los rincones del mundo hay expresiones de eso que llamamos la “fe” de diferentes maneras.
Para entenderlo hay que conocer la teoría del “proceso dual”, que describe dos formas básicas de pensamiento, conocidas como el Sistema 1 y el Sistema 2.
El Sistema 2 evolucionó hace relativamente poco. Es la voz en nuestra cabeza, el narrador que parece no callarse nunca, que nos permite planificar y pensar de forma lógica.
El Sistema 1 es intuitivo, instintivo y automático. Estas capacidades se desarrollan en los humanos independientemente de dónde hayan nacido. Son mecanismos de supervivencia.
Este sistema nos proporciona, por ejemplo, una repulsión innata a la carne podrida, nos permite hablar nuestra lengua materna sin pensarlo mucho y le da a los bebés la capacidad de reconocer a sus padres y distinguir entre objetos con o sin vida.
Además, hace que tengamos una tendencia a buscar patrones para entender mejor el mundo, y a encontrar un significado a sucesos aparentemente arbitrarios, como los desastres naturales y la muerte de seres queridos.
Y, según algunos investigadores, es el que abrió el camino para que las religiones evolucionaran y se perpetuaran.
El Sistema 1 nos lleva a ver las cosas de forma dual, de forma que nos cuesta ver a nuestro cuerpo y nuestra mente como una única unidad.
Esta tendencia nace muy temprano: los niños de todas las culturas se inclinan a creer que tienen un alma inmortal: que su esencia o personalidad existió en algún lugar antes de su nacimiento y continuará existiendo por siempre.
Y esta disposición se asimila fácilmente con muchas de las religiones existentes, o -con algo de creatividad- se presta para construir nuevas.

Píldora difícil de tragar

Por todas estas razones, los investigadores creen que la religión es un “producto secundario de nuestra disposición cognitiva”, explica Robert McCauley, director del Centro de la Mente, el Cerebro y la Cultura de la Universidad de Emory, en EE.UU., y autor de “Por qué la religión es natural y la ciencia no”.
Un rabino lee durante las festividades de Purim
Un rabino reza durante las festividades de Purim.
“La ciencia es cognoctivamente antinatural, y es difícil. La religión, en cambio, es algo que casi no tenemos ni que aprender pues ya lo sabemos”.
“Hay evidencia de que el pensamiento religioso obedece a la ley del menor esfuerzo; se tendría que cambiar fundamentalmente algo en la humanidad para deshacerse de la religión”.
En contraste, la ciencia -el sistema preferido de muchos ateos y no creyentes para intentar entender el mundo natural- trata de corregir los sesgos del Sistema 1, dice McCauley. Pero, agrega, es una píldora difícil de tragar.
Debemos aceptar, por ejemplo, que la Tierra gira, así no lo sintamos, aún viviendo en ella; debemos adoptar la idea de que la evolución es completamente indiferente y que no hay ningún propósito o plan para el Universo, así nuestra intuición nos diga lo contrario.
Tampoco nos queda fácil admitir que nos equivocamos y aceptar que la verdad como la comprendemos constantemente está cambiando a medida que surgen nuevas pruebas empíricas, y todo eso es imprecindible para la ciencia.

Fantasmas y deportes

Curiosamente, muchos en todo el mundo que dicen no creer en un dios muestran tendencias supersticiosas, como la creencia en los fantasmas, el karma, la telapatía o la reencarnación.
Yoga
Otras devociones ocupan a menudo el vacío que parece dejar la fe religiosa.
Además, los no creyentes a menudo dependen de cosas que pueden ser interpretadas como sustitutos de la religión -equipos de deportes, yoga, instituciones profesionales, la Madre Naturaleza, etc.- como guías de sus valores.
“Parecería como si tuvieramos un espacio conceptual para el pensamiento religioso que si no se llena con una religión, brota de maneras sorprendentes”, concluye Barrett.
La religión, además, promueve la cohesión grupal y la cooperación. La amenaza de uno o varios dioses poderosos que vigilan que nadie se salga de lo establecido seguramente ayudó a mantener el orden en las sociedades.
“Si todo el mundo cree que el castigo es real, esto puede ser funcional para los grupos” dice Atkinson.

Cuestión de números

Un Sikh indio enciende luces durante el Diwali
La religión promueve también la cohesión grupal y la cooperación.
Finalmente, las matemáticas también están del lado de la permanencia de la religión: las personas religiosas tienden a tener más hijos que las que no lo son.
Si consideramos que los hijos suelen seguir a sus padres en estos aspectos, un mundo totalmente secularizado parece una posibilidad aún menos factible.
Por todas estas razones psicológicas, neurológicas, históricas, culturales y lógicas, los expertos creen que la religión nunca desaparecerá. La religión, así sea mediante el miedo o el amor, es muy exitosa a la hora de perpetuarse.
E incluso si perdemos de vista a los dioses cristianos, musulmanes e hindúes, es muy probable que prevalezcan las supersticiones y el espiritualismo.
Cuando enfrentemos una guerra nuclear o el choque inminente con un cometa, los dioses aparecerán.
BBC Culture  25/01/2015

La corona del busto de Nefertiti fue pintada con “azul egipcio”


Un equipo de investigadores españoles explica la química detrás del azul egipcio, un pigmento descubierto hace más de 5.000 años



Hace unos años, en un aeropuerto, un periodista puso en un aprieto al cantante Enrique Iglesias con una pregunta incisiva e inesperada: ¿Cuál es tu color favorito? Tras unos instantes de confusión en los que aseguró que no tenía, el cantante se inclinó impulsivamente por el azul. En su respuesta forzada, respondió, sin saberlo, como cabía esperar. Un gran número de encuestas ha mostrado que si se pregunta a la gente por su color favorito, aproximadamente la mitad responderá como Iglesias, el azul, muy por delante de los segundones verde o morado.
El azul, el color de Facebook y Twitter o del partido que gobierna España, no siempre ha sido tan popular. De hecho, si en lugar de a Iglesias el periodista hubiese tenido acceso al escritor griego Homero, habría obtenido una respuesta peculiar. Ni en La Iliada ni en La Odisea el poeta describió el cielo como azul, y cuando se refiere al mar le atribuye el color del vino. Esa ausencia no es exclusiva del griego clásico. Como explica el lingüista Guy Deutscher, si un idioma tiene una palabra para el color azul, tendrá una para el color rojo, pero no necesariamente sucederá lo contrario. En la evolución de las lenguas el azul siempre aparece más tarde. “No conocemos ninguna excepción a esta regla”, afirmaba en una entrevista a The Paris Review. Deutscher ofrecía su explicación: “La gente encuentra un nombre para el rojo antes que para el azul no porque puedan ver el primero y no el segundo sino porque inventamos nombres para cosas de las que creemos que es importante hablar, y el rojo [el color de la sangre] es más importante que el azul para la vida de la gente en todas las culturas más simples”.

Los artistas de Altamira no contaban con pigmentos de color azul
Como sucede en el idioma, el pigmento azul también tardó en llegar a la pintura. Ni en cuevas como las Altamira o Lascaux, en las que artistas desconocidos plasmaron la vida paleolítica hace decenas de miles de años, se encuentra el color azul. Después, se han encontrado grandes minas de lapislázuli en países como Afganistán que podrían haber servido como base para estos tintes, pero no quedaban a mano de los artistas de Europa Occidental. Los pintores rupestres no contaban en su entorno con minerales de ese color que fuesen estables al contacto con el aire y esa situación no cambió hasta hace unos 5.000 años. Entonces, los egipcios lograron sintetizar el color azul por primera vez. Para conseguirlo, aunque había algunas variantes, se utilizaba arena del Nilo, sal mineral, bronce como fuente de cobre y se cocía a temperaturas de entre 800 y 1.000 grados.
Desde su creación, aquel “azul egipcio”, difícil de obtener y muy valorado, se empleó en algunos de los principales monumentos del imperio africano, como la corona del busto de la reina Nefertiti que se encuentra en el Neues Museum de Berlín (Alemania). En los siglos posteriores, también apareció en otros monumentos del mundo Antiguo, como el cinturón de la diosa Iris, en el Parthenon de Atenas, y continuó empleándose como un complemento estético de lujo hasta tiempos romanos. Después, a partir de la revolución química que se produjo en el siglo XIX, muy relacionada con el desarrollo de nuevos tintes, el azul dejó de ser un color casi exclusivo de los más poderosos.

Una explicación química

Este pigmento con tanta historia y connotaciones tan intensas ha despertado un gran interés, también de los científicos. Es el caso de un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria, que ha tratado de explicar el origen real del azul que fascinó a los egipcios. En un trabajo que publican este mes en la revista Inorganic Chemistry, se preguntan cómo es posible que el complejo CuO46-, formado por el ion Cu2+ y cuatro iones oxígeno, de lugar al color azul intenso del compuesto CuCaSi4O10 (base del pigmento egipcio) mientras que el color de muchos otros materiales, que contienen el mismo complejo, es claramente distinto.
Según los investigadores, aunque las moléculas CuO46- son, en principio, las responsables del color, éste depende también de los campos eléctricos internos que generan el resto de iones del compuesto CuCaSi4O10, sobre esas moléculas. Asimismo, se demuestra que estos campos internos, cuya influencia no se suele tener en cuenta, son los causantes de las diferencias de coloración entre el pigmento egipcio y otros compuestos similares que contienen el mismo complejo de cobre.
El azul egipcio produce radiaciones infrarrojas que le dan aplicaciones en nanotecnología
Para preparar el pigmento, los egipcios tenían que mezclar carbonato cálcico, cobre y arena del Nilo, y lo calentaban en presencia de aire para que el cobre se oxidase, dando lugar a Cu2+. Curiosamente, aunque la arena (SiO2) no está presente en el complejo de cobre, causante del color,  es el campo eléctrico creado por los grupos SiO44- que integran el compuesto CuCaSi4O10 el principal responsable del fuerte desplazamiento al rojo de las transiciones ópticas. “Este hecho es clave en la obtención del azul intenso”, explica Miguel Moreno, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada de la Universidad de Cantabria y uno de los autores del estudio, junto con Pablo García y Antonio Aramburu.
La organización de los átomos de cobre y oxígeno hace que el azul egipcio emita una radiación que, además de hacerlo famoso en la antigüedad, le ha permitido superar el paso del tiempo, al menos en cierta medida. “El azul egipcio tiene átomos de cobre muy separados unos de otros que emiten luz infrarroja”, apunta Moreno. “Esto permite que, en el caso del Partenón de Atenas, por ejemplo, se pueda observar un trozo en el que a simple vista no se ve pigmento y midiendo esa radiación conocer que en algún momento estuvo pintado con azul egipcio”, añade.
Todo este conocimiento sobre la estructura fundamental de los materiales que producen el color está abriendo la puerta a nuevas a aplicaciones prácticas ahora que los tintes han dejado aquel producto obsoleto. Investigadores de la Universidad de Georgia describieron cómo el silicato de cobre y calcio del azul egipcio se fragmenta en nanocapas miles de veces más finas que un cabello. Estas capas producen radiación infrarroja invisible, similar a la que sirve para comunicar un mando a distancia con la televisión. Esta cualidad haría útil este compuesto para producir maquinaria de imagen biomédica, ahora en desarrollo, que necesitan este tipo de radiación infrarroja. La nanotecnología crearía así una nueva aplicación para esta antigua tecnología.
¿Viven los multimillonarios en lugares paradisíacos como la isla Necker?

Con la reunión de la élite política y de negocios en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, esta semana, mucho se ha hablado de la creciente desigualdad y del “1% más rico”.
Ese concepto evoca, por ejemplo, la imagen del fundador de Virgin, Richard Branson, viviendo y llevando sus negocios desde Necker, su isla privada en medio del Caribe.
¿Pero es en lugares así donde viven realmente los multimillonarios?

Los más ricos

Un informe de la organización benéfica Oxfam publicada de forma que coincidiera con la cumbre en Davos causó revuelo al concluir que el 1% más pudiente pronto poseerá más riqueza que el 99% restante de la población mundial.

El concepto del “1% más rico” evoca, por ejemplo, la imagen del fundador de Virgin, Richard Branson, haciendo kite surf en su isla.
Para hacer la predicción Oxfam se basó en una investigación del banco Credit Suisse, que estimó que la riqueza familiar global alcanzará los US$267 trillones.
Sin embargo, eso es riqueza, no ingresos. Y se calcula restando las deudas a los activos.
Obviamente, los multimillonarios como Bill Gates, el cofundador de Microsoft; Warren Buffett, el director ejecutivo y mayor accionista de la multinacional Berkshire Hathaway; y Mark Zuckenberg, el cofundador de la red social Facebook, son parte de ese 1% más próspero.

Credit Suisse estimó que la riqueza familiar global alcanzará los US$267 trillones.
¿Pero quién más lo es?
De acuerdo a Credit Suisse, otras 47 millones de personas con una riqueza superior a US$798.000 pertenecen a ese grupo.
Esto incluye a gente de los países ricos que no se ve a sí misma como particularmente acaudalada, y que simplemente posee su propia casa y han pagado una parte significativa de la hipoteca de esta.
Una gran parte está distribuida geográficamente así:
  • 18 millones de personas de Estados Unidos, el país con más miembros en grupo del 1% más rico.
  • 3,5 millones en Francia.
  • 2,9 millones en Reino Unido.
  • 2,8 millones en Alemania.
Alemania es la mayor economía de Europa. Así que, la razón por la que haya menos gente rica, según las medidas de Credit Suisse, y aparezca en cuarto lugar en esta lista se debe a que los propietarios de inmuebles son menos que en otros países.

El país con la mayor proporción de multimillonarios por cabeza es Suiza.
Y el país con la mayor proporción de multimillonarios por cabeza es Suiza.
Uno de cada 10 residentes suizos, 800.000 de 8 millones, tienen activos por un valor superior a US$798.000.
Pero los miembros de ese exclusivo grupo no solo están en Estados Unidos o Europa, también viven en Asia:
4 millones en Japón.
1,6 millones en China.

Lo que no se dice

Sin embargo, el informe del banco suizo no cuenta toda la historia.

1,6 millones del 1% más rico son chinos.
No toma en cuenta, por ejemplo, lo mucho que cuesta comprar bienes en cada país.
En el centro de Londres una casa de una habitación cuesta medio millón de libras, unos US$750.000.
Pero en otros países con ese dinero se podría comprar una mansión.
La investigación tampoco sopesa los ingresos.

Para estar incluido en el grupo del 50% más rico sólo hacen falta US$3.650 en bienes.
Como resultado, muchos jóvenes bien remunerados de Occidente pueden precipitarse al fondo de la lista, bien porque aún tienen que pagar la deuda que adquirieron para poder pagar los estudios, o porque con su estilo de vida gastan todo lo que ganan.
Si pertenecer al 1% más rico no garantiza un estilo de vida propio de la jet set, menos lo hace el ser parte del 10% más próspero. Para ello sólo necesitas activos, esto es, bienes y derechos, por un valor de US$77.000.
Es más, para estar incluido en el grupo del 50% más rico sólo hacen falta US$3.650 en bienes.
Y los que poseen esa cantidad difícilmente vivirán en una isla privada en medio del Caribe.
BBC News    25/01/2015
Desde que empezamos a disfrutar de un acceso relativamente fácil a la comida, hemos estado tratando de entender qué impacto tiene en nuestro cuerpo y forma.
Nuestros ancestros solían abordar las dietas en ocasiones de manera irracional y extraña, pero otras veces comían mejor que nosotros hoy en día.
Y, a pesar de que ahora sabemos más que antes, muchos regímenes son tan extremos y descabellados como los métodos más inusuales empleados en el pasado.
Te invitamos a este paseo por la historia de las dietas.

A.C.: ¡A ponerse a diatia!

Debes comer para vivir, no vivir para comer”
Aforismo de la antigua Grecia
GETTY
Hemos estado conscientemente a dieta al menos desde la época de la antigua Grecia.
La palabra misma viene de la griega “diatia“, que significa un régimen de salud de por vida.
Los antiguos griegos entendían los principios de consumir cantidades medidas de alimentos variados y sencillos y hacer ejercicio moderado, lo cual ha sido la base de la buena dieta a lo largo de la historia.
Además consideraban que mantenerse a régimen era una responsabilidad cívica para asegurar una sociedad sana, y la glotonería era mal vista.
No obstante, también adoptaban métodos no comprobados para perder peso, como evitar las relaciones sexuales y caminar desnudo.

Medioevo: ¡A comer como pobre!

Banquete medieval
Los que tenían mucho, comían de más y de lo que no se debe.
Las dietas de los ricos y los pobres eran muy distintas.
Los ricos podían darse el lujo de comer carne y otras delicias. Eso les causaba enfermedades como la gota o problemas intestinales.
Los métodos para bajar de peso incluían los ayunos, aunque éstos eran más comunes como muestra de fervor religioso que como dietas.
El exceso de carne en el cuerpo era considerado una señal de prosperidad.
En contraste, los campesinos tenían una dieta bien equilibrada, que incluía potajes de cereales y frijoles, y no tenían acceso ni al azúcar ni a la grasa con la que se deleitaban los ricos.
Los alimentos que consumían eran necesarios para tener energía y el exceso de calorías se quemaba con las labores físicas.

1558: ¡A seguir al gurú!

Luigi Cornaro
La medida y la sobriedad era el secreto de Cornaro.
En 1558, el mercader veneciano Luigi Cornaro se convirtió en el primer gurú de la dieta cuando escribió “Seguro y veraz método para alcanzar una vida larga y saludable”.
El libro llegó durante el Renacimiento, lo que influyó profundamente en la forma de pensar en Europa.
En él presentaba la edad avanzada como algo valioso. Además recomendaba una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, ingerida en cantidades pequeñas y medidas.
“Me he acostumbrado a nunca satisfacer completamente mi apetito, ni al comer ni al tomar”, escribió.
Su primera regla era recobrar el control de uno mismo al comer.
Vivió hasta cuando tenía unos 100 años. Su libro sigue siendo publicado.

1700: ¡A poner a dieta a las masas!

Azúcar
El pueblo empezó a disfrutar de una vida más dulce.
El campesinado empezó a alejarse de la agricultura de subsistencia y se fue a vivir a las ciudades. A medida que la infraestructura mejoraba, la variedad de comida aumentó.
Poco a poco, los pobres también empezaron a poder escoger. Tomar decisiones sobre qué comer dejó de ser un lujo reservado sólo para la élite.
En el siglo XVIII el consumo de azúcar se multiplicó por 20 gracias al auge de la comercialización.
La dieta de muchos se volvió menos sana. Los doctores aconsejaban cosas que aún consideramos apropiadas: comer poco y a menudo, consumir poca carne y muchos cereales y vegetales, hacer ejercicio moderado.
Pero también recomendaban leer en voz alta y salpicar el cuerpo con arena caliente para hacerlo sudar la grasa.

1800: ¡A imitar a la celebridad!

Lord Byron
No, Jane Fonda no fue la primera celebridad que nos urgió a ser delgados.
Los regímenes de las celebridades no son un fenómeno moderno. El poeta romántico Lord Byron estaba obsesionado con mantenerse pálido e interesante.
A principios del siglo XIX popularizó una dieta que se componía principalmente de soda, galletas y vinagre.
Perdió 32 kilos entre 1806 y 1811, según los registros de los comerciantes de vino Berry Bros & Rudd de Londres.
Los doctores no estaban muy complacidos ni con la dieta de Byron ni con la poderosa influencia que tenía en los hábitos de comida de otros, quienes también deseaban estar a la moda, delgados y pálidos.
Un doctor escribió que las jóvenes estaban matándose de hambre pues temían ser criticadas por los discípulos de Lord Byron.

Era victoriana: ¡A ingerir parásitos y veneno!

María Callas
Se dice que la cantante de opera María Callas tenía un “parásito mascota”.
Para cuando llegó la era victoriana, la sociedad estaba más preocupada por la imagen que por la salud.
Había devotos de las dietas, influidos por las revistas y la moda.
Empezaron a aparecer anuncios de publicidad en los diarios y farmacias.
Las drogas dietéticas se convirtieron en un buen negocio y muchas de las llamadas “curas milagrosas”, cuyos ingredientes no siempre eran divulgados, contenían sustancias letales, como arsénico.
Había también quienes se arriesgaban a tener problemas de los ojos, epilepsia o demencia tragándose quistes de tenias, algo que se siguió practicando incluso en el siglo XX.

1900: ¡A drogarse para perder peso!

Figuroids
“La cura científica para la obesidad”, promete este anuncio.
Las drogas siguieron siendo buen negocio. Las curas milagrosas eran ofrecidas como reemplazo de una dieta sensata.
Tenían nombres llamativos, como “Las píldoras elegantes de Gordon”, “Slim” (esbelto) o “Corpu-lean” (cuerpo delgado).
Muchas de estas drogas eran laxantes y la mayoría -aunque no todas- eran inofensivas.
Algunas efectivamente causaban una pérdida de peso, pero con efectos secundarios peligrosos.
Entre ellas estaba el químico industrial dinitrofenol, que hace que la temperatura del cuerpo suba y puede causar ceguera.
Drogas con base de extracto de tiroide aumentan el ritmo al que el cuerpo quema energía, pero puede causar problemas del corazón.
Se reportaron muertes a causa de ambas.

1920: ¡A contar calorías!

Libro de Hauser
A los médicos no les gustaba pero eso no impedía que tuviera seguidores.
En los años 20, el gobierno de Estados Unidos se empezó a preocupar por una posible manía de adelgazar y la influencia que las celebridades tenían sobre lo que los jóvenes escogían para alimentarse.
Bajo la creciente fama de Hollywood, se animaba a las mujeres a emular a estrellas como Greta Garbo, quien era seguidora del gurú de la dieta Gayelord Hauser.
Hauser era criticado por muchos médicos porque no estaba calificado para recetar y se consideraba que no tenía ninguna prueba que respaldara sus teorías, las cuales incluían un consumo excesivo de vitamina B.
Además, la noción de los grupos de alimentos emergió y empezó el conteo de calorías.
Los régimenes incluían o excluían ciertos alimentos. Por ejemplo, sólo se podía comer carbohidratos o proteínas en una comida, o se trataba de equilibrar las comidas ácidas con las alcalinas.

1961: ¡A adelgazar en grupo!

Fundadora de weight watchers
Jean Nidetch invitó a sus amigas a perder peso juntas y desató toda una industria.
Modelos tan delgadas como palitos como Twiggy y Jean Shrimpton eran la sensación en los locos años 60.
En 1961, una ama de casa neoyorquina, Jean Nidetch, formó un grupo de apoyo con sus amigas con sobrepeso. Dos años más tarde, fundó Weight Watchers. Otros pronto siguieron su ejemplo.
Las dietas en grupo funcionan proporcionando una rutina y el apoyo de otros miembros.
Recomiendan alimentarse sanamente y hacer ejercicio moderado.
Las compañías que las ofrecen han visto un enorme crecimiento desde la década de los 60.
Un estudio del British Medical Journal encontró que los clubes de pérdida de peso consiguen buenos resultados.

1974: ¡A seguir la dieta de moda!

Col
La dieta del repollo o col lleva años haciendo sufrir a muchos… en parte por el problema del olor.
En los años 70, la industria de las dietas ya estaba firmemente establecida y en busca de nuevas y diversas formas de prometer la pérdida de peso.
Promovidas por la industria editorial, que vendía libros con cada nueva tendencia, la sucesión de dietas de moda pronto se hizo popular.
Más y más gente quería perder peso rápido.
Las dietas de moda desafían las directrices convencionales de una dieta equilibrada: algunas restringen severamente las opciones, como las dietas de la toronja o el repollo o col.
Este tipo de regímenes a menudo ofrecen una pérdida de peso a corto plazo pero no un plan duradero para mantener el peso bajo.
Tienen la atracción de la novedad y quienes las practican muchas veces terminan abandonándolas por otra más nueva.

2000: ¡A hacer de la dieta una industria!

Midiendo la grasa
No importa cómo estés, ya nunca parece que estás suficientemente delgado.
La industria de la dieta ha venido creciendo durante los últimos 200 años, constantemente adaptándose y diversificándose.
En EE.UU. solamente, el negocio reporta US$90.000 millones y sigue en alza.
Los productos van desde los editoriales, pasando por los farmacéuticos hasta los alimenticios y demás.
Las dietas altas en proteínas, como la de Atkins y Dukan, y la del ayuno 5:2 cuentan con millones de seguidores.
Las celebridades venden dietas como parte de una industria productora de dinero.
A pesar de ello, según un estudio publicado en Lancet en 2014, alrededor de un tercio de la población del mundo es obesa o tiene sobrepeso.
Mientras sigamos buscando una solución rápida para perder peso, el comercio y la ciencia seguirán produciendo nuevas ideas para satisfacer ese deseo.


Martín Caparrós edita en España su último y demoledor libro -titulado ‘El Hambre’-, en el que desentraña por qué 805 millones de personas no tienen qué comer.


La especulación es una de las causas, como desvela este extracto de unos de los capítulos


La especulación con el trigo mueve cincuenta veces más dinero que la producción de trigo

La transformación de la comida en un medio de especulación financiera ya lleva más de veinte años. Pero nadie pareció notarlo demasiado hasta 2008. Ese año, la gran banca sufrió lo que muchos llamaron “la tormenta perfecta”: una crisis que afectó al mismo tiempo a las acciones, las hipotecas, el comercio internacional. Todo se caía: el dinero estaba a la intemperie, no encontraba refugio. Tras unos días de desconcierto muchos de esos capitales se guarecieron en la cueva que les pareció más amigable: la Bolsa de Chicago y sus materias primas. En 2003, las inversiones en commodities [materias primas] alimentarias importaban unos 13.000 millones de dólares; en 2008 llegaron a 317.000 millones. Y los precios, por supuesto, se dispararon.

Analistas nada sospechosos de izquierdismo calculaban que esa cantidad de dinero era quince veces mayor que el tamaño del mercado agrícola mundial: especulación pura y dura. El Gobierno norteamericano desviaba cientos de miles de millones de dólares hacia los bancos “para salvar el sistema financiero” y buena parte de ese dinero no encontraba mejor inversión que la comida de los otros.
Ahora en la Bolsa de Chicago se negocia cada año una cantidad de trigo igual a cincuenta veces la producción mundial de trigo. Digo: aquí, cada grano de maíz que hay en el mundo se compra y se vende —ni se compra ni se vende, se simula cincuenta veces—. Dicho de otro modo: la especulación con el trigo mueve cincuenta veces más dinero que la producción de trigo.
El gran invento de estos mercados es que el que quiere vender algo no precisa tenerlo: se venden promesas, compromisos, vaguedades escritas en la pantalla de una computadora. Y los que saben hacerlo ganan, en ese ejercicio de ficción, fortunas.
Y los que no saben contratan programadores de computación. Más de la mitad del dinero de las Bolsas del mundo rico está en manos del HFT (High Frecuency Trading), la forma más extrema de especulación algorítmica o automatizada. Son muchos nombres para algo muy complicado y muy simple: supercomputadoras que realizan millones de operaciones que duran segundos o milisegundos; compran, venden, compran, venden, compran, venden sin parar aprovechando diferencias de cotización ínfimas que, en semejantes cantidades, se transforman en montañas de dinero. Son máquinas que operan mucho más rápido que cualquier persona, autónomas de cualquier persona. Me impresiona que los dueños de la plata pongan tanta plata en las manos —llamémosles manos— de unas máquinas que podrían despistarse y cuyo despiste podría costarles auténticas fortunas: que tengan tal confianza en la técnica o, quizá, tal avidez.
Los HFT son la especulación más pura: máquinas que sólo sirven para ganar plata con más plata. Son operaciones que nadie hace sobre contratos que no están hechos para ser cumplidos acerca de mercaderías que nunca nadie verá. La ficción más rentable.
La máquina giraba a mil por hora. Aquel día, 6 de abril de 2008, una tonelada de trigo había llegado a costar 440 dólares. Era increíble; sólo cinco años antes costaba tres veces menos: alrededor de 125. Los cereales, que se habían mantenido en valores nominales constantes —que habían, por lo tanto, bajado sus precios— durante más de dos décadas, empezaron a trepar durante el año 2006, pero en los primeros meses de 2007 su ascenso se había vuelto incontenible: en mayo, el trigo pasó los 200 dólares por tonelada, en agosto los 300, los 400 en enero; lo mismo sucedía con los demás granos.
El gran invento de estos mercados es que el que quiere vender algo no precisa tenerlo: se venden promesas, compromisos, vaguedades escritas en la pantalla
Y, como dicen los negociantes, el mercado alimentario tiene una “baja elasticidad”. Es su forma de decir que, pase lo que pase con la oferta, la demanda no puede cambiar tanto: que, si los precios suben mucho, se puede postergar la compra de un coche o de una zapatilla, pero muy poca gente acepta de buena gana postergar la compra de su almuerzo.
El aumento no tenía, por supuesto, una causa exclusiva. Una de ellas fue el aumento extraordinario del precio del petróleo, que en esos días de abril bordeaba los 130 dólares por barril, el doble que 12 meses antes. El petróleo es tan importante para la producción agropecuaria que un ensayista político inglés, John N. Gray, dijo hace poco que “la agricultura intensiva es extraer comida del petróleo”. Se refería, entre otras cosas, a ese cálculo tan cacareado que dice que producir una caloría de comida cuesta siete calorías de combustibles fósiles.
El precio del petróleo influye en el precio de los alimentos de varias maneras. Los alimentos incluyen en su costo una parte significativa de combustible: en su producción —por las máquinas rurales y porque la mayoría de los abonos y pesticidas contienen alguna forma de petróleo—, en su transporte, en su almacenamiento, en su distribución. Pero, además, el aumento del precio del petróleo le dio más entidad todavía a los famosos agrocombustibles.
Empezaron llamándolos biocombustibles; últimamente, grupos críticos insisten en que el prefijo “bio” les presta una pátina de honorabilidad ecológica que no merecen —y postulan que los llamemos agrocombustibles—. Parece que lo agro no está tan cotizado como lo bio en la conciencia cool. Pero hay gente que paga mucha plata para conseguirles buena prensa: en el año 2000 el mundo produjo 17.000 millones de litros de etanol; en 2013, cinco veces más: 85.000 millones. Y nueve de cada diez litros se consumieron en Estados Unidos y Brasil. (…)
Y es otra forma de usar los alimentos para no alimentar.
Y un negocio de primera para muchos.
El agrocombustible es la penúltima respuesta a la superproducción de granos que complica desde hace décadas a la agricultura norteamericana. En el último medio siglo las técnicas agrarias mejoraron como nunca, los subsidios a los granjeros aumentaron muchísimo, y sus explotaciones consiguieron rendimientos inéditos: no sabían qué hacer con tanto maíz, con tanto trigo. En la segunda mitad del siglo XX Estados Unidos se enfrentó a un problema con pocos antecedentes en la historia de la humanidad: la superproducción de alimentos. Parece un chiste que ése fuera el problema del mayor productor de comida de un mundo donde falta comida.
Entre otros efectos, la superproducción mantuvo muy bajos los precios de la comida durante un largo periodo. Uno de los primeros usos de ese excedente fue político: la exportación, bajo capa de ayuda, de grandes cantidades de grano. Ya hablaremos del programa Food for Peace. (…)
Después vendrían otros usos: jarabes de maíz —gran endulzador de la industria alimentaria—, detergentes, textiles y, últimamente, el agrocombustible.
El etanol norteamericano está hecho de maíz. Estados Unidos produce el 35 por ciento del maíz del mundo, más de 350 millones de toneladas al año. Una ley federal, la Renewable Fuel Standard, dice que el 40 por ciento de ese grano debe ser usado para llenar los tanques de los coches. Es casi un sexto del consumo mundial de uno de los alimentos más consumidos del mundo. Con los 170 kilos de maíz que se necesitan para llenar un tanque de etanol-85, un chico zambio o mexicano o bengalí puede sobrevivir un año entero. Un tanque, un chico, un año. Y se llenan, cada año, casi 900 millones de tanques.
El agrocombustible que usan los coches estadounidenses alcanzaría para que todos los hambrientos del mundo recibieran medio kilo de maíz por día
El agrocombustible que usan los coches estadounidenses alcanzaría para que todos los hambrientos del mundo recibieran medio kilo de maíz por día.
El Gobierno americano no sólo obliga a usar el maíz para empujar coches; también entrega a quienes lo hacen miles de millones de dólares en subsidios. (…) El aumento de la demanda de maíz producida por el etanol es responsable de un porcentaje importante —que nadie puede definir con precisión— del aumento del precio de los alimentos.
Un ejemplo: muchos granjeros del Medio Oeste americano dejaron de cultivar el maíz blanco que vendían, entre otros, a México – para pasarse al amarillo que se usa para hacer etanol. Entonces los precios de la harina se duplicaron o incluso triplicaron en México y miles de personas salieron a la calle. Lo llamaron la revuelta de las tortillas.
En Guatemala no salieron. En Guatemala la mitad de los chicos están malnutridos. Hace veinte años Guatemala producía casi todo el maíz que consumía. Pero en los noventas empezaron a llegar los excedentes americanos, baratísimos por los subsidios que recibían en su país, y los campesinos locales no pudieron competir con esos precios. En una década la producción local había disminuido una tercera parte.
En Guatemala la mitad de los chicos están malnutridos. Hace veinte años Guatemala producía casi todo el maíz que consumía
En esos días, muchos campesinos tuvieron que vender sus tierras a empresas que ahora plantan palmeras para hacer aceite y etanol, caña para azúcar y etanol. Y los que pudieron seguir cultivando las suyas encontraron más y más dificultades: amenazas armadas para que las vendan, propietarios que prefieren dejar de alquilarles las suyas para trabajar con las grandes compañías, grandes plantaciones que se llevan el agua o la envenenan con sus químicos.
El problema se agudizó en los años siguientes: los americanos empezaron a usar su maíz para hacer etanol y los precios subieron, y subieron más con los grandes aumentos que precedieron a la crisis de 2008. Ahora, en las tortillerías guatemaltecas, un quetzal – unos 15 centavos de dólar– compra cuatro tortillas; hace cinco años compraba ocho. Y los huevos triplicaron su precio porque los pollos también comen maíz.
Son ejemplos.
Pero no creo que nadie lo haga para perjudicar a nadie. Quiero decir: no es que las autoridades y los lobbies y los productores agrícolas americanos quieran hambrear a los chicos guatemaltecos. Sólo quieren mejorar sus ventas y sus precios, depender menos del petróleo, cuidar el medio ambiente – y eso produce ciertos efectos secundarios: sucede, qué se le va a hacer.

Por qué hice este libro

Lo hice porque, en algún momento, creí que no podía no hacerlo. Pero escribir El Hambre fue, probablemente, el trabajo más difícil que encaré en mi vida. De la Bolsa de Chicago a las fábricas de Bangladesh, de los hospitales de Níger a los basurales de Buenos Aires, de la guerra civil de Sur Sudán a las explotaciones chinas en Madagascar, del moritorio de la Madre Teresa de Calcuta a los morideros suburbanos de Mumbai, me pasé años recorriendo la geografía del hambre para contar y analizar la mayor vergüenza de nuestra civilización: que cientos de millones de personas no coman lo suficiente en un planeta que produce alimento de sobra para todos.


Las 10 mujeres más ricas del mundo en 2014, según Forbes

(CNN) — Según el censo de multimillonarios de UBS y Wealth-X del 2014, existen 2.325 multimillonarios en el mundo y un poco más del 12% de los mismos son mujeres.
Con una riqueza combinada de 930.000 millones de dólares, las mujeres más ricas del mundo están dejando huella en la economía mundial… y solo se espera que su fortuna mejore en 2015.
De las 286 mujeres multimillonarias, solo el 17% ha hecho su fortuna por sus propios méritos.
Actualmente, Estados Unidos es el hogar de la mayor cantidad de mujeres que se han hecho multimillonarias por sus propios méritos, pero se tiene contemplado que surgirán más multimillonarias en el futuro principalmente en los mercados emergentes.
Estas mujeres ricas tienen una edad media de 61 años y más del 65% de ellas heredaron su riqueza de corporaciones multinacionales, entre ellas la tienda de venta al por menor Walmart y el gigante de los cosméticos L’Oreal.
La mujer más rica de América del Norte
La mujer más rica de América del Norte es Christy Walton. Christy Walton, la viuda de John Walton, el hijo del fundador de Wal-Mart Sam Walton, heredó una parte de la fortuna de la empresa minorista tras la muerte de su esposo en 2005.

Con un valor aproximado de 37.900 millones de dólares, ella es la mujer más rica del mundo.
En los últimos años, Walton ha ingresado al mundo de la producción cinematográfica, al financiar la película de 2013 “Bless Me, Ultima“, la cual está basada en la controvertida novela de Rudolfo Anaya.
A nivel mundial, Estados Unidos es el país con mayor número de residentes multimillonarios, no solo hombres sino también mujeres. Cuenta con 609 de las personas más ricas del mundo.
La mujer más rica de Europa
La mujer de mayor edad en la lista es la heredera de L’Oreal, Liliane Bettencourt, quien cumplió 92 años el año pasado.
A la edad de tan solo 15 años, Bettencourt se unió a la compañía de cosméticos de su padre como aprendiz y ahora su fortuna de 31.300 millones de dólares la convierte en la mujer más rica de Europa y la segunda mujer más rica del mundo.
Europa es el hogar de más multimillonarios que cualquier otra región, ya que 775 de los miembros de la élite adinerada del mundo viven allí.
La mujer más rica de Australasia
La mujer más rica de Australasia es la heredera minera Gina Rinehart. Fue descrita por la revista Forbes como la “reina del comercio mundial del mineral de hierro”, la mujer de 60 años de edad administra Hancock Prospecting y cuenta con un patrimonio de aproximadamente 14.800 millones de dólares.
Rinehart ahora ha ampliado su cartera más allá de la minería al contar con acciones significativas en las organizaciones de medios de comunicación australianas Fairfax Media y Ten Network Holdings.

La mujer más rica de América Latina
Vanessa, María y Johanna Slim son hijas del multimillonario mexicano Carlos Slim y son las mujeres más ricas de América Latina.
Según informes, las hermanas han estado recibiendo incrementos de la fortuna de su padre desde 2003 y en la actualidad se cree que cada una tiene un patrimonio de 6.300 millones de dólares, lo que asciende a un total combinado de casi 19.000 millones de dólares.
Las hermanas han trabajado activamente en las fundaciones filantrópicas de su padre, pero no en el negocio familiar, según indicó Institutional Investor.
La mujer más rica de Asia
Yang Huiyan, de 33 años de edad, es la mujer más joven de la lista, además de ser la mujer más rica de Asia. Luego de supuestamente recibir de su padre el 70% de las acciones de Country Garden, la empresa de bienes raíces de China, en 2007, ahora Huiyan tiene un patrimonio de aproximadamente 6.300 millones de dólares.
Yang es vicepresidente del comité administrativo de la junta directiva y ayudó a recaudar 410 millones de dólares al vender nuevas acciones el año pasado, según informó la revista Forbes.
La mujer más rica del Medio Oriente
La israelí Shari Arison, quien nació en Estados Unidos, es la mujer más rica del Medio Oriente luego de heredar una fortuna de su padre Ted Arison, fundador de la compañía de cruceros Carnival Corporation. Ella ahora es dueña de Arison Investments, el accionista mayoritario del banco israelita Hapoalim.
Arison también ha invertido en la compañía de agua Miya, cuyo objetivo es maximizar la eficiencia de la distribución de agua en las zonas urbanas.
La mujer más rica de África
Cuarenta de los multimillonarios del mundo viven en África. La mujer más rica del continente es Folorunsho Alakija, la magnate nigeriana del petróleo, la moda y de la imprenta.
Esta mujer que se hizo multimillonaria por sus propios méritos y cuya carrera empresarial comenzó en la sastrería, ahora es dueña de Famfa Oil y tiene un patrimonio aproximado de 1.200 millones de dólares.
Por Meera Senthilingam y Sheena McKenzie   16/01/2015
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